Policía Nacional de Alcoy

23 de abril de 2010. Un precioso día de fiestas locales en Alcoy, que estaba disfrutando con mi familia en la playa. Suena el teléfono móvil. Es de la central de alarmas. Alguien ha entrado en mi casa y yo estoy a hora y cuarto de camino.

¡Maldición! Con lo bien que iba el día. Le pido a la chica de la central que avise a la Policía e inmediatamente llamo a mi padre y a mi suegro, para que vayan a casa. Les insisto: Esperad a la Policía. No se os ocurra entrar a vosotros solos.

Todo el viaje de vuelta a casa, no podía dejar de pensar: en las horas y los dolores de cabeza que me llevaría volver a recomponerlo todo si me robaban mi ordenador. En el cuadro que me regaló mi abuela, en la PS3 y el juego de Batman que le prometí a mi hijo para su cumpleaños…

Mi familia y yo vivimos en una urbanización “proletaria”. No es una urbanización de lujo. Allí no vive ningún concejal, ni director de banco o de hospital, ni gran empresario. Allí vivimos administrativos, profesores, algún médico y algún pequeño empresario. Llevamos diez años “en fase urbanizadora” y, como en aquella vieja canción de U2, nuestras calles todavía no tienen nombre (ni farolas).

Por eso todavía me sorprendió más cuando mi padre me contó que cuando llegó a mi casa a toda prisa ya estaban los policías inspeccionando el perímetro. Habían cruzado el vehículo para impedir la huida de los asaltantes y portaban sus armas preparadas. Eran un vivo ejemplo de profesionalidad.

Esta vez los asaltantes tuvieron suerte. Al parecer la sirena de la alarma de mi casa les había puesto en fuga.

Cuando regresé pude saludar y agradecerles  personalmente a los Policías la rapidez y profesionalidad demostradas en la intervención de mi casa. Ellos le restaron importancia. “No tiene importancia. Es nuestro trabajo. La lástima es que no hayamos podido detener a los asaltantes”.

Pues bien. Para mí SÍ tiene importancia saber que cuando los he necesitado han respondido y me han socorrido incluso con más rapidez que mi familia. Más meritorio todavía teniendo en cuenta que vivimos tiempos de crisis con congelación de plantillas y reducción de gastos. Nuestros policías no conducían potentes BMW con fantásticos sistemas de GPS como sus homólogos alemanes. Disponen de unos modestos Citroen Xsara Picasso con más años y menos caballos. Pero la falta de medios la suplen con una profesionalidad ejemplar.

Desde ese día duermo un poco más tranquilo. He podido comprobar personalmente que la ciudad de Alcoy cuenta con unos policías fantásticos. Ojalá nuestros políticos y empresarios estuvieran al nivel de nuestros policías. Nos iría mejor a todos.

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