Pato o águila, tú decides
Un buen día me encontré en una fila para tomar un taxi en el aeropuerto.
Cuando el taxista que me correspondía se acercó, me llamó la atención lo limpio y brillante que estaba el taxi. El chófer, bien vestido con una camisa blanca, corbata y pantalones negros muy bien planchados, salió del taxi y me abrió la puerta, y me tendió una tarjeta mientras me decía, “Soy Guillermo, su chófer, permítame que ponga su equipaje en el maletero”.
La tarjeta de visita ponía su nombre y teléfono, aunque me la entregó por el reverso, en que podía leerse “Misión de Guillermo: Hacer llegar a mis clientes a su destino final de la manera más rápida, segura y económica posible, brindándole un ambiente amigable”.
Me sorprendió gratamente ver que el interior del taxi estaba igualmente limpio, sin una mancha. Mientras se acomodaba detrás del volante, Guillermo me dijo “¿Le apetece un café? Tengo dos termos, con café normal y descafeinado”.
Sonreí y le dije. “Gracias, pero ya he tomado café”.
Guillermo sonrió y dijo: “No hay problema, si prefiere un refresco tengo agua, Fanta, Coca-Cola normal y sin azúcar, y zumos de piña y naranja”.
Con una enorme sorpresa, le respondí “zumo de piña, por favor”.
Mientras me pasaba el zumo, Guillermo me preguntó mi destino y al responderle, me explicó rápidamente cual iba a ser la ruta más rápida. Me dijo “Calculo que tardaremos unos 40 minutos. Si desea usted algo para leer, tengo el País, el Mundo, el ABC y el Marca”, y si quiere escuchar algo, aquí tiene la lista de CDs que llevo y la lista de emisoras de radio que podemos sintonizar. Por cierto, tengo el climatizador a 22 grados, pero puedo subir o bajar la temperatura para que usted se encuentre totalmente a gusto”.
Le respondí: “Gracias pero a mí me marea leer en el coche. Sí le agradecería que ponga un poco de música clásica o relajante, la que usted prefiera”.
Mientras ponía el CD de música relajante, me dijo “Si le apetece será un gran placer conversar con usted, pero si lo prefiere, le dejo tranquilo en sus meditaciones”.
Aquí no pude más y le pregunté: “Dígame Guillermo, ¿Siempre ha atendido usted así a sus clientes?”
“La verdad es que no. De hecho, sólo los últimos dos años” me confesó Guillermo. “Antes me pasé cinco años conduciendo y quejándome la mayor parte del tiempo, igual que hacen casi todos los taxistas. Pero un día escuché en la radio hablar a un Gurú del Desarrollo personal que explicaba que en la vida obtienes lo que esperas. Si te levantas esperando tener un mal día, sin duda lo tendrás. Hubo una frase que me convenció. Decía, Sé diferente de tu competencia. No seas un pato. Sé un águila. Los patos sólo hacen ruido y se quejan. Las águilas no se quejan, se elevan por encima del grupo.”
“Esto me tocó la fibra” dijo Guillermo. “Estaba hablando de mi. Yo estaba todo el tiempo haciendo ruído y quejándome. Miré alrededor a los otros taxis y sus chóferes… los taxis estaban sucios, los chóferes no eran amigables y los clientes no estaban contentos. Entonces decidí hacer algunos cambios. Uno cada vez. Cuando mis clientes respondieron bien, hice más cambios”.
“Se nota que los cambios te han pagado”, le dije.
“Si, seguro que si”, me dijo Guillermo. “Mi primer año de águila duplique mis ingresos con respecto al año anterior. Este año posiblemente lo cuadruplique. Usted tuvo suerte de tomar mi taxi hoy. Normalmente ya no estoy en la parada de taxis. Mis clientes reservan mis servicios llamándome al móvil o dejando mensajes en mi contestador. Si yo no puedo servirlos personalmente, les consigo un amigo taxista águila confiable para que haga el servicio”.
Guillermo era fenomenal. Estaba haciendo el servicio de una limusina en un taxi normal.
Posiblemente haya contado esta historia a más de cincuenta taxistas, y solamente dos tomaron la idea y la desarrollaron. Cuando voy a sus ciudades, los llamo a ellos. El resto de los taxistas hacen bulla como los patos y me cuentan todas las razones por las que no pueden hacer nada de lo que les expliqué.
Guillermo, el taxista, eligió otro camino: Decidió dejar de hacer ruido y quejarse como los patos y volar por encima del grupo como las águilas.
No importa si trabajas en una oficina, en mantenimiento, eres maestro, funcionario, político, ejecutivo, empleado o profesional, ¿Cómo te comportas? ¿Te dedicas a hacer ruido y a quejarte? ¿Te estás elevando por encima de los otros?
Para ser un pato no necesitas hacer nada. Fíjate en los demás y limítate a quejarte como uno de ellos.
Ser un águila es una decisión y un estilo de vida. Significa estar pendiente de tu trabajo y tratar de ser hoy mejor de lo que eras ayer, y preguntarte cada día que puedes hacer para conseguir que mañana sea mejor que hoy.


marzo 30th, 2011 a las 12:49
Primero que nada agradecer estas bonitas palabras y decir que tanto mi mujer y yo intentamos siempre volasr por encima de los demas he intentamos meter lo menos bulla posible haciendo bien nuestro trabajo dia a dia tambien hacemos mucha carretera porque somos gente que trabajamos en mercados y viajamos mucho, somos muy felices asi como aguilas
marzo 30th, 2011 a las 13:49
excelente articulo,tomare lo leido me gusto mucho,muchas personas son muy desagradable en el puesto que ocupan y atienden de mala manera a los clientes estan como amargados parece como si le echaran la culpa a los clientes de su mala situacion cuando ni si quieran se ponen a pensar que el cliente tan bien tienen sus problema y no se quejan al primero que les llega,el servir con educacion es actitud que deverian de enseñar en las empresas antes de darle cualquier puesto de trabajo,saludos juanjose
marzo 30th, 2011 a las 15:28
Muy bueno..!
marzo 30th, 2011 a las 16:07
me parece muy interesante en todos los campos taxis comercios oficinas publicas cta.Pero es dificil llevarlo a la practica pues estamos hablando de educacion y buen hacer en el trabajo y eso es muy dificil las personas asi nacen no se hacen pero seria bonito se lo pasara al tasista de mi urbanizacion haber si lo pone en praztica saludos para todos PEPA
marzo 30th, 2011 a las 16:30
TENGO UN NEGOCIO DE CARPINTERIA DE ALUMINIO Y REALMENTE ES NECESARIO DIA A DIA MEJORAR NO SOLO EN LO PROFESIONAL SINO EN LO PERSONAL TAMBIEN. ES UNA HISTORIA QUE MUCHISIMA GENTE SE TENDRIA QUE MIRAR AL ESPEJO Y REFLEXIONAR SOBRE EL TEMA, MAYORMENTE GENTE QUE TRABAJA PARA LA ADMINISTRACION SON UN POCO PREPOTENTES Y PIENSAN QUE EN ESTE MUDO LOS UNICOS QUE ESTAN SON ELLOS. UN SALUDO
marzo 30th, 2011 a las 17:11
ES LA MEJOR REFLEXION QUE HE LEIDO EN MUCHO TIEMPO, Y OJALA SE LA APLICARAN MUCHA GENTE, HABRIA MUCHA MENOS CRISPACION EN ESTE MUNDO
marzo 30th, 2011 a las 17:39
¡Maravillosa historia! sobre todo para el que quiera superarse. Aunque algunas veces tambien me he comportado como un pato, desde ahora sere un aguila; aún sabiendo que si caigo, el golpe sera más fuerte. SOLUCIÓN= No caer.
marzo 30th, 2011 a las 18:05
me ha encantando este articulo es par tomarlo en cuenta gracias una vez mas…..
marzo 30th, 2011 a las 18:40
MUY BUENO. PREFIERO SER UN AGUILA (ESPECIE PROTEGIDA) QUE NO PATO (SI VAS EL ULTIMO CAES 1º Y SI VAS 1º AL FINAL CAES TAMBIEN).SOY ELECTRICISTA Y ES MUCHO MEJOR SER AMABLE Y EDUCADO, COBRAR RAZONABLEMENTE QUE SER ARISCO Y PEGAR EL PALO. YO SOY DE LOS QUE DIGO AL CLIENTE “SI LE HA GUSTADO MI TRABAJO NO ME LO DIGA A MI DIGASELO A SUS CONOCIDOS”.
marzo 30th, 2011 a las 19:00
Muy bueno, lo fácil es se pato, lo difícil proponerte ser águila. gracias.
marzo 30th, 2011 a las 19:36
¡¡FASCINANTE!!!
LO QUE PASA ES QUE YO TENGO 60 AÑOS DE VIDA Y 500 DE SUFRIMIENTO. Mi balance vital dice: PARA QUE LA VIDA DISCURRA CON NORMALIDAD TIENES QUE COMPORTARTE COMO UN VERDADERO HIJOPUTA Y EL PRÓJIMO ACABARÁ POR AGRADECÉRTELO.
CRÉANME, TODO LO DEMÁS ES POESÍA Y OJALÁ NO TENGAN USTEDES QUE ESPERAN A LOS 60 PARA DARSE CUENTA.
marzo 30th, 2011 a las 21:33
muy buen articulo
marzo 31st, 2011 a las 0:07
Sabio consejo el del Gurú y sabia la decisión del Sr.Guillermo al saber identificar,la manera exacta de aplicarlo a su trabajo/negocio y muchas gracias por compartir dicha anécdota con nosotros.
Es muy cierto, que la grán mayoria del ser humano,tiene tendencia a comportarse como un pato y si encima está rodeado de patos,oyendo solo el ruido de patos,nunca saldrá de pato,pero afortunadamente,tenemos la capacidad de convertirnos en águila,solo es cuestión de que sepamos ver cuando pasa un águila y deseemos ser un águila,pero estando dispuestos a hacer el esfuerzo de transformación.
Este artículo es de esas cosas que son como un timbrazo,que te saca del letargo y la ofuscación en la que las circunstancias del dia a dia le tiene a uno como hipnotizado y no le deja ver más allá de sus narices,
ese timbrazo que te despierta y te hace reflexionar en que los aŕboles no te están dejando ver el bosque,aí que hay que subirse a uno y mirar desde la copa al horizonte,o como dice el atículo,”volar por encima del grupo”.
Muy bueno,si señor.
Saludos a todos/as
marzo 31st, 2011 a las 8:41
Ha sido muy bonita la historia, el Aguila utiliza las fuerzas que tiene para elevarse y dar lo mejor de si y tener mejor caza y tener resultados, mientras que el pato solo gasta las fuerzas en hacer ruido para llamar la atencion y con el ruido lo unico que hace es espantar su comida, por eso los patos no vuelan mucho, suelen ser escandalosos, y lo unico que dan es suciedad.
Asi que quieres ser Aguila o Pato, a mi me gusta mas el Aguila
marzo 31st, 2011 a las 15:55
gracias por tan lindas fraces de reflexion
marzo 31st, 2011 a las 20:07
Realmente fascinante, todos deberiamos aprender a ser aguilas, nos iria mucho mejor. Que sabios son estos gurus, cuanto nos enseñan.
abril 1st, 2011 a las 19:36
al menos veo k hay mas aguilas como yo y digo como yo por k me identifico plenamente con lo k expone este taxista es genial ojala hubieran infinidad de aguilas en este mundo
abril 2nd, 2011 a las 1:15
La verdad que yo desconfiaria de alguien que me ofrece tantas cosas, hay que dar un trato agradable al cliente pero sin pasarse.
abril 4th, 2011 a las 0:33
Bien… leída esta parábola o metafórica enseñanza, entiendo que la idea principal a resaltar, la conclusión a la que llegar es la de ser profesionales en el trabajo, honestos y personas de bien en lo particular, intentar mejorar en lo que se pueda y corregir errores y defectos cotidianos, pero en el relato hay un pero: sin caer en un perfeccionismo que nos vuelva pesados. Yo creo que si te subes a un taxi y el taxista te está constantemente preguntando o pidiendo sugerencias, dorandote la píldora y tal, además de resultarte mosqueante y volverte suspicaz, por el contraste con otros que lo hacen si no mal, a “su manera”, aunque al final te resulte acertada esa actitud positiva y se lo agradezcas, te va a ser dificil, sobre todo en una sociedad como la nuestra, “latina” (el tópico del desorden y la anarquía de los españoles, portugueses, italianos y griegos) exigir en otros ámbitos el mismo nivel de cumplimiento de las normas, la higiene, el servicio, etc. llegando a un extremo elitista. A mi me pasó un hecho curioso que en una Biblioteca Pública, en Vigo, en la que los empleados/as y los usuarios tienen por costumbre hablar y expresarse en un tono y volumen inadecuados para el lugar en que se encuentran, como usuario protesté por esa costumbre y me dijeron que yo no era quien de poner las normas allí. En días y momentos sucesivos, cuando quise hacer bajar el tono de voz a los/as presentes haciendo ssshhhhh, al igual que otros que, como yo, también se sienten molestos por no poder leer un periódico con tranquilidad, o usar el ordenador sin sentirse interrumpido por comentarios, discusiones, saludos entre conocidos como si se encontraran en la calle o en el bar, etc. lo que te indigna y, al no haber en los funcionarios una actitud de disciplina y exigir respeto, sino que ellos mismos promueven estas conductas, llegas a emitir la onomatopeya citada: “ssshhhh” para ver si se dan cuenta de que se está pasando de ser una biblioteca a ser un gallinero o mercadillo, a lo que una funcionaria me recrimina que “Ud. no es NADIE para mandar callar a otras personas allí”. Respondí que como usuario, con mi carnet, tengo mis derechos y exigí compostura. Como la costumbre ya está arraigada y seguía sin corregirse, en siguientes ocasiones, otros días, decidí adoptar una postura como de mimetismo insolente, portándome como ellos/as, y acabé “acoplándome” a las conversaciones de quienes estaban de chachara sin más invitación que el descaro. La torpeza de quienes no tienen cultura y educación llevó a que, esta actitud, de declaración de rebeldía, lejos de ser tomada como un toque de atención al verse en el espejo quienes no saben estar en una biblioteca y, lejos de cortarse, digo, al verse sorprendidos por su propia imagen en el prójimo, la reacción fue se reproche y de invitación a abandonar el local, donde está establecida así esa ley. Perdidos los papeles y, una vez cometido el error de ser patoso en vez de águila, al pretender mostrar y demostrar que eres o quieres ser un águila ante una manada de borregos, patos, vacas que pacen y allí mismo descargan sus deposiciones, bostas, con perdón, porque sucede que en este país español de caracter latino, el virtuosismo, el perfeccionismo o el ser inteligente, si no es puesto en práctica de forma que no se note mucho, discretamente, disimúlandolo, que no te delate ese virtuoso defecto de la virtud entre el defecto de lo que se considera la razón de la mayoría, el ser un miembro más de la turbamulta y no ir contracorriente, si pretendes que el orden se imponga y desplace a la falta de responsabilidad, puedes tener problemas. O, en otro caso, en el ejemplo del taxista, verse obligado a dejarse de pijadas porque si el que sube al taxi, en lugar de ser un buen cliente, que le guste el buen gusto, es un elemento que pone los pies en la mesa y aprovecha el lujo para sentirse “el puto amo”, y saca un spray de graffitti y le decora el taxi o con un rotulador escribe: “yo estuve aquí”, y le dice al taxista: “mira, no me chupes la polla y dejame en paz que lo que quiero es llegar al lugar donde te he dicho que me lleves y no me pongas mariconadas que encarezcan el servicio y luego me cueste más el viaje”.. haciendo quizá una exagerada versión de lo que sería una película americana, pero se puede adaptar a nuestro feudo y en otros contextos que no sean un taxi-limousina, sino el ejemplo que puse de una biblioteca. Pues a lo mejor al polluelo de águila se le quitan las ganas de salir del nido y, como polluelo que es, pía pía para que su mamá o papá águila le protejan. Pero ese pío pío no deja de ser otra forma de hacer ruido, que se suma al cuac cuac de los protestantes, que se quejan de pisar sus propias bostas. Como dice el refrán: no se deben dar margaritas a los cerdos y, para ser águila, hay que saber discernir y dar el buen trato a quien se lo merece, ser generoso con el que lo sepa agradecer y, según el lugar, barrio, sociedad en que te encuentres, aplicar un criterio u otro. No me dá que un águila lleve margaritas ni en el pico ni en la boca. El águila no es quizá el ejemplo a poner si se quiere dar a ese taxista un simbólico icono con que poder identificarse. Ese taxista es más bien una obrera de un enjambre, que construye con esfuerzo el panal, da miel y su aspecto es agradable. Tiene ese lenguaje que le comunica con el resto de su especie. El zumbido de las alas y el mover las antenas son unos códigos para confirmar si se está haciendo bien la construcción, retroalimentación e intercambio de opiniones, dar y recibir instrucciones. Y la reina coordina. Entre ellas, ese código, no es molesto. En algunas profesiones la comunicación constante es vital. Y si no se efectua de modo que no se haga incomoda, puede dar lugar a conflictos. Y si son entre distintas especies, distintos gremios, no te digo nada. En la biblioteca el silencio no implica que no te puedas comunicar, de hecho puedes si lo haces en un tono, volumen y timbre adecuados, y a la distacia adecuada del interlocutor, o incluso por el canal adecuado (entre empleados, por teléfono, de uso interno u/y/o extensiones)… En la lonja, el que subasta el pescado canta los números de una forma característica y ensordecedora… distintos gremios, distintos modos de comunicarse, distintas especies, ¿esperanto?
abril 8th, 2011 a las 11:33
Excelente relato. Totalmente procedente y que sin duda alguna es fruto de un largo estudio por parte de su creador. Preciso, contumaz e irreprochable bajo todos los aspectos abordados.
Basilio
septiembre 1st, 2011 a las 22:07
Sinceramente la lectura atrapa, sobre el criterio adoptado falto comentar respecto a lo que cuesta un servicio de calidad.
LA calidad cuesta, y darse lugar a tomarla, ahi el detalle.
Tenaz la comparación, pato o aguila.